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El ’limbo migratorio’ de Ecuador y la caja de Pandora

22 août 2008

"Tenía un hermano joven y en la familia le decíamos ’andariego’, como a los que se van a la ventura…"

Estas palabras no son versos de un ritmo de cumbia colombiana, las pronunció Orlando Valencia Serna recordando cómo mataron a su hermano. Fue en el año 2000. Un grupo con chaleco de la policía de Colombia paró el ’carro’ (coche) del joven ’andariego’ y le asesinaron. "Había testigos y capturaron a los asesinos el mismo día, pero la misma noche… ya no había detenidos", me cuenta el Orlando : un típico caso de descarada impunidad.

El hermano de Orlando Valencia era joyero y tenía vínculos con gente de las minas de esmeraldas de Colombia, "lo que nos hizo presumir a la familia que su muerte fue debida a un asunto de ’vacuna’", una palabra que traduce la extorsión de dinero que cobran los que ejercen en Colombia un control de tipo mafioso sobre la sociedad. A raíz de ese asesinato empezaron una serie de amenazas en contra de la familia Valencia. "Querían matar a todos los que teníamos la sangre de mi hermano…" Fue el mismo jefe de policía de la ciudad del departamento de Tolima (al oeste de Bogotá) donde vivía la familia Valencia el que les propuso cambiar de sitio. Escaparon entonces hacia el ’eje cafetero’, hacia el centro del país, era la región en la cual Orlando Valencia se había criado. "Es un reflejo humano de la persona que escapa de la muerte", me asegura, "el de buscar instintivamente refugio en lugares que psicológicamente uno asocia a la infancia". Las amenazas no sólo continuaron, sino que se materializaron y otro hermano de Orlando fue asesinado. "Era el menor de la familia y era un chico que no se había metido en nada", me asegura. Finalmente, en el año 2005, 19 personas, "cuatro generaciones de la familia" cruzaron la frontera con Ecuador.

Orlando Valencia es hoy día el coordinador de ARCOE, la Asociación de Refugiados Colombianos de Ecuador, una organización que lucha para los derechos de los refugiados y representa a unas 270 familias colombianas en Quito. Su historia representa la punta visible de un iceberg que guarda escondido el sufrimiento de los miles de colombianos que viven en Ecuador a causa de los efectos del conflicto en Colombia. Pero la odisea de Valencia es aún más relevante hoy : la recién crisis diplomática entre Colombia y Ecuador le afectó en modo particular.

Orlando Valencia me dice que ser colombiano en Ecuador siempre ha sido difícil. Es que los estereotipos abundan : "al hombre colombiano se le trata de narcotraficante, de bandolero de ’malandro’ (persona poco honrada), y a las mujeres de prostitutas". Me cuenta que una vez asistió a una escena que le congeló la sangre en las venas : el director de una escuela estaba tratando a un niño de "colombiano chino (rojo) guerrillero". El niño tenía cuatro años…

"Conocí a una mujer", recuerda el coordinador de ARCOE, "que había llegado a Ecuador con sus dos hijos después de que le asesinaran al esposo en Colombia. Le negaron el reconocimiento de refugiada, lo que implica que la señora no podía trabajar, además sabía que si la encontraban trabajando en Ecuador la iban a deportar. Siendo una mujer ’bien paradita’ (muy bonita), y dado que según la voz popular todas las colombianas son prostitutas… pues, el vecino le ofreció ’20 dolaritos por 20 minutitos…’. Para dar de comer a sus niños se prostituyó…"

"Sería menos cruel", dice Valencia "que las autoridades competentes de Ecuador permitieran a las mujeres colombianas trabajar, y que las deportasen en caso que las encontrasen prostituyéndose. Pero, aquí es al revés : se les niega el derecho a trabajar, entonces las mujeres, desesperadas, se prostituyen, y entonces se les indica como… ’putas colombianas’".

Además de ser algo frecuente, este último ejemplo tiene el mérito de sacar a la luz el problema de fondo, el de los desplazados colombianos : lo que les permitiría trabajar legalmente en Ecuador sería el reconocimiento del estatus de refugiado. El Alto Comisariato de las Naciones Unidas por los Refugiados (ACNUR) habla oficialmente de más de 180 mil personas "en necesidad de protección" en Ecuador, pero hasta la fecha sólo están reconocidos 15 mil refugiados colombianos. En mayo del 2006, para salir del ’impasse’, Valencia y otros 42 refugiados no reconocidos ocuparon la embajada de Venezuela.

"Queríamos tomar la embajada de Suiza, pero es un bunker, la única que nos daba la posibilidad era la de Venezuela" admite el coordinador de ARCOE. "Al final, logramos la obtención de la ’tarjeta andina’, lo que nos da el derecho de residir, pero no de trabajar. Somos casi como… turistas... Aquí nos quedamos", concluye "en el ’limbo migratorio’". Comparar la muerte de un jefe guerrillero colombiano con un mito griego parece improbable. Pero como en la historia de las "plagas" que salieron de la caja de Pandora, la muerte del "canciller" de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia Raúl Reyes, matado por el ejército colombiano en territorio ecuatoriano, ha desatado en la región una serie de efectos inesperados.

Entre dichos efectos cabe subrayar el último de ellos, inesperado y positivo : El pasado 7 de marzo, la crisis diplomática entre Ecuador y Colombia se desactivó gracias a la intervención del conjunto de los mandatarios de los países latinoamericanos reunidos en el "Grupo de Río".

Sin embargo, a Orlando Valencia le queda la esperanza que se entienda que no basta tratar del problema diplomático, sino que el conflicto colombiano es una crisis humanitaria y que se debe tomar en cuenta la palabra de las victimas, vehiculo clave para que haya paz con justicia en Colombia. Y ya se sabe que la única cosa que quedó al final en el fondo de la caja de Pandora fue justamente la esperanza.

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